Cumplir etapas

Y me he dado cuenta, que solo el paso de los años, te da esa casi inquebrantable seguridad y madurez de afrontar todo lo que tenga que pasar. Desde hace algún tiempo atrás, no hay grandes celebraciones, ni pregunto disponibilidades ajenas, porque lo que más me gusta es dejarme sorprender y planear según vaya sintiendo. Entonces ahí te darás cuenta que están los que tenían que estar.

Siempre he pensado que es obligado soplar las velas. Pocas veces tienes la oportunidad de pedir deseos de forma tan altruista. Según la época en la que estés cumpliendo años, esta celebración puede ser concebida como una “losa social” por no tener ciertas características asociada a la edad ó por el contrario, una celebración por seguir respirando. Con el tiempo, encuentro más adeptos a la segunda opción.

La libertad que te proporciona cumplir años despojada de ciertas responsabilidades y con la satisfacción de enfundarte en un vestido de los 23 pocas personas la tienen. De ahí, y de otras cosas, viene toda esa paz mental y la constante observación, de que a pesar de la tormenta exterior, y haber cumplido un año más abocada a seguir moviéndome cuál sirena (ya experimentada) en aguas turbulentas, desconocidas y con oleaje no siempre a favor, salgo siempre a flote.

Quizás es esto mismo lo que me enseñó el año que dejo atrás; tener esa sutileza y energía más o menos constante de moverme como pez en el agua fuera de la zona de confort o de lo “socialmente” estipulado a la edad. Entonces me puedo dar por satisfecha. Gracias a mis 33 que tanto me han vuelto a enseñar.

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