Desencantamiento

Desencantarse como despertar del cuento que te habían contado. Como un abrir los ojos para verlo desde otro punto de vista. Como amanecer en invierno después de una eterna noche de verano.

Me he desencantado y con ello todas las historias planeadas en el futuro más próximo. Me he desencantado aún sabiendo de saberlo y queriendo hacerlo.

Desencantarse es como esa melancolía que ya ni duele ni agita. Solo tinta de un sabor agridulce ese “pudo y no fué” pues seguro que estaba de no ser.

Desencantarse, que no decepcionarse, es la forma más sutil, “friendly” y educada de decir “pues hasta aquí”, sin lágrimas ni dramas de por medio pero con un punto de vista más maduro que solo te da el tiempo y las circunstancias que te ha tocado vivir.

En los últimos meses me he desencantado y desenamorado de muchas cosas. He dejado la idea romántica y pre establecida por la sociedad actual para tirar por otros derroteros, más inestables y un tanto farragosos pero sin duda más retadores.

Quizás ahí está la respuesta a todo. En lo retador, en el aprendizaje y en el pensamiento romántico de que la vida te da todo lo que necesitas. Tarde o temprano.

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